¡En las casas!


El ministerio de Jesús se llevó a cabo en todo lugar donde se encontraban personas en necesidad. Es decir, tanto en los caminos como en los hogares. Fue, por ejemplo, a la casa de Pedro, y allí sanó a la suegra de este que se encontraba postrada con una gran fiebre (Mateo 8:14,15). Visitó la casa de un principal de la sinagoga, llamado Jairo, y allí resucitó a su hija de 12 años (Marcos 5:21-43). Estuvo dispuesto a comer con «publicanos y pecadores», y por eso se ganó la acusación de los religiosos de su tiempo (Mateo 9:9-23). Le solicitó a un hombre que se atrevió a treparse a un árbol solo para verlo, lo siguiente:

«Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que me hospede en tu casa».

Una vez Jesús está en su casa, el hombre confiesa la transformación que se ha operado en su vida; a lo que Jesús afirma: «Hoy ha venido la salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (ver Lucas 19:1-10). El libro de los Hechos nos narra que los discípulos siguieron el mismo modelo de vida, proclamación y servicio que su Salvador y Señor. Eso produjo comunidades de creyentes saludables, compuestas por familias redimidas saludables. Recordemos que el crecimiento de la iglesia cristiana en sus primeros dos siglos no dependió de «templos», ya que no contaban con ninguno. En todo caso, en los primeros años visitaban los atrios el templo de Jerusalén, y las sinagogas, y allí predicaban a Cristo. Pero las iglesias se formaban en las casas (ver Hechos 16:40; 20:8; Romanos 16:3-5; Colosenses 4:15).

El evento de Pentecostés sucedió también en un aposento alto de un hogar (Hechos 2:1-4). Definitivamente que las casas se convirtieron en los lugares de la manifestación de la gracia y el poder de Dios. ¿Estamos siguiendo el mismo modelo, o pretendemos que donde Dios obre y se manifieste con poder sea en los «templos» solamente? ¿Llega hasta nuestra casa la bendición que se tiene en el santuario, o se «queda enganchada» en la puerta del templo? El modelo bíblico que nos presentan los Hechos es que lo que Dios hacía en la casa, se reflejaba en el templo, y viceversa. Las experiencias con Dios se convierten en vivencias en nuestro diario vivir, comenzando en nuestro hogar. Muchos predicadores dan tanto énfasis en lo que ocurre en el «día de reunión» en el santuario, que se olvidan que en los demás días de la semana es donde se practica lo que hemos recibido del Señor. He aquí dos consejos bíblicos: 1) «Así como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir» (1 Pedro 1:15); 2) «Pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?» (1 Timoteo 3:5). ¿Queremos un avivamiento o despertar espiritual? ¡Sí, lo queremos! Pero este tiene que tocar los hogares; redimir las vidas y restaurar las relaciones. Jesús quiere volver a las casas; él quiere que en los hogares se levante el hambre por volver a la Palabra. El quiere encender la llama viva de la oración.

El quiere que las familias amen el congregarse para luego vivir como luz y sal de la tierra. ¿Qué se está dando ahora mismo en nuestros hogares? ¿Qué calidad de vida estamos viviendo? ¿Quién o qué cosa está ocupando el lugar del Espíritu Santo en nuestras casas? Ninguno de nuestros hogares es perfecto. ¡Definitivamente, no! Por eso necesitamos que Dios tome genuinamente el timón de nuestras familias, en medio de grandes tempestades y arrecifes que encontramos en el diario vivir. Dios no quiere estar en nuestras casas como un mero símbolo, o, como dicen algunos, como un «huésped invisible». Cuando a él le damos el control de nuestra vida y hogar, lo veremos  muy visible en todo lo que somos y hacemos. El está a tu puerta y llama (Apocalipsis 3:20). ¿Quieres abrirle la puerta de tu casa (de par en par) para que él sea quien vino a ser, Dueño y Señor de todo? Esto es más que un «querer», es una determinación de la voluntad.

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Angel Esteban es ministro, conferencista, autor y es Pastor Principal de la Iglesia Cristiana de la Familia en Ponce, Puerto Rico.

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