La ansiedad prohibida


Por lo tanto les digo: No se preocupen por su vida, ni por qué comerán o qué beberán; ni con qué cubrirán su cuerpo. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros, y el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes mucho más que ellas?  ¿Y quién de ustedes, por mucho que lo intente, puede añadir medio metro a su estatura? ¿Y por qué se preocupan por el vestido? Observen cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hilan, y aun así ni el mismo Salomón, con toda su gloria, se vistió como uno de ellos. 

1. Dios nos dio la vida; y, si Él nos dio la vida, no debemos dudar en confiar en que Él nos dará las cosas necesarias para conservarla.

2. Los pájaros no se preocupan, no intentan amontonar recursos para un futuro invisible e imprevisible. Las personas ansiosas se atormentan por un futuro que no pueden ver ni prever, tratando de encontrar su seguridad en las cosas que almacenan y acumulan para el futuro.

3. La preocupación es inútil, innecesaria y no tiene sentido en ningún caso además de ser altamente perjudicial. Las dos enfermedades típicas de la vida moderna son las úlceras gástricas y la trombosis coronaria, en muchos casos ambas son el resultado de la preocupación. La preocupación desgasta la mente, afectando el buen juicio para elegir buenas decisiones y cada vez nos hace más incapaces para enfrentarnos a los problemas y situaciones de la vida.

4. Los lirios eran flores de un día en las laderas de Palestina; y sin embargo, en su breve vida, se vestían con un belleza que superaba la de los mantos de los reyes. Si Dios le da tal belleza a una florecilla efímera, ¡cuánto más tendrá cuidado de una persona, que es la corona de su creación!

5. El cristiano no se debe preocupar, porque ha creído y ha aprendido a llamar a Dios con el nombre de Padre. Cuando nuestra prioridad, enfoque y propósito sea el conocer, hacer, y aceptar la voluntad de Dios en nuestras vidas, encontraremos la única manera de derrotar la preocupación.

6. Hay estados emocionales más graves que la preocupación, pero no existe ninguno más incapacitante, paralizante y nocivo que esta. “Tu guardarás en perfecta paz a aquel cuyo pensamiento en Ti persevera, porque en Ti ha confiado” Isaías: 26:3 ¿Por qué te desanimas, alma mía? ¿Por qué te inquietas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún debo alabarlo. ¡Él es mi Dios! ¡Él es mi salvador!

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